Regar, abonar y cuidar las rosas durante el mes de septiembre

Muchos pensamos que un jardín sin rosas no es realmente un jardín. Sin embargo, como sabemos, estas hermosas flores perfumadas no son fáciles de cultivar y además atraen a muchas plagas. Es cierto que las rosas requieren una atención especial, pero, como veremos a continuación, no es algo tan difícil de aprender como parece.

Regar, abonar y cuidar las rosas durante el mes de septiembre

22/09/2016

Muchos pensamos que un jardín sin rosas no es realmente un jardín. Sin embargo, como sabemos, estas hermosas flores perfumadas no son fáciles de cultivar y además atraen a muchas plagas. Es cierto que las rosas requieren una atención especial, pero, como veremos a continuación, no es algo tan difícil de aprender como parece.


Durante el mes de septiembre es importante atender las rosas, suelen florecer antes de que entre el otoño. Las rosas que estén de nuevo en plena floración debemos mantenerlas con riegos diarios y abonos frecuentes, así las reforzaremos antes de que llegue el duro invierno.


La temperatura y la humedad favorecen los criptógamas, en particular el moho blanco. Si detectamos que los áfidos están atacando los botones florales, debemos aplicar los tratamientos parasitarios de forma regular.


Los rosales se podan al menos una vez al año y suele ser durante el mes de marzo. pero no os preocupeis, en caso de que nos hayamos olvidado, podemos hacerlo entre finales de septiembre y principios de octubre. En tal caso es muy importante hacerlo antes de que lleguen las primeras heladas de la temporada.


LA PODA


Lo primero que haremos es un buen repaso al rosal, retirando las ramas muertas y dañadas. Es importante dejar las ramas sanas y dirigirlas hacia el exterior de la planta para que reciban bien la luz.


Lo normal con los rosales es realizar una poda en bisel, con el corte opuesto a la yema y cerca de ella, a unos pocos milímetros.


En caso de tener un rosal de tipo matorral, debemos dejar entre tres y siete ramas principales como mínimo. Nos quedaremos con los brotes jóvenes y eliminaremos los leñosos, dejando entre tres y cinco yemas a 20 cm de la base.


La parte central del arbusto debe quedar bien despejada.


En caso de tener un rosal trepador conservaremos entre tres y cinco ramas y dejaremos seis yemas a 30 cm de la base.


Para terminar, es importante dejar y mantener el suelo limpio, retirando las hierbas y hojas muertas que pueda haber alrededor. Durante el proceso de floración no olvidemos ir retirando las flores marchitas o muertas que encontrando en todo momento.