Herradura de la Suerte (Color Forja)
Auténticas herraduras de caballo, usadas y restauradas para ofrecer toda su magia y protección como amuleto frente a las adversidades.
15,00 €
Envíos a Península Baleares y Canarias.
- Una herradura, el calzado de Caballos, mulos y burros, colgada en algún sitio, está considerado como el más universal de todos los amuletos de la suerte.
- La herradura era un talismán poderoso en todas las épocas y en todos los países en los que existía el caballo. Aunque los griegos introdujeron la herradura en la cultura occidental en el siglo IV, y la consideraban como símbolo de buena suerte, la leyenda atribuye a san Dunstan el haber otorgado a la herradura, colgada sobre la puerta de una casa, un poder especial contra el mal
-
Según la tradición, Dunstan, herrero de profesión pero que
llegaría a
ser arzobispo de Canterbury en el año 959, recibió un día la visita de
un
hombre que le pidió unas herraduras para sus pies, unos pies de forma
sospechosamente parecida a pezuñas. Dunstan reconoció inmediatamente a
Satanás
en su cliente, y explicó que, para realizar su tarea, era forzoso
encadenar al
hombre a la pared.
Deliberadamente, el santo procuró que su trabajo resultara tan
doloroso,
que el diablo encadenado le pidió repetidamente misericordia. Dunstan se
negó
a soltarlo hasta que el diablo juró solemnemente no entrar nunca en una
casa
donde hubiera una herradura colgada sobre la puerta
Desde la aparición de esta leyenda en el siglo X, los cristianos
tuvieron la herradura en alta estima, colocándola primero sobre el
dintel de la
puerta y trasladándola más tarde al centro de ésta, donde cumplía la
doble
función de talismán y picaporte.
- Este es el origen del picaporte en forma de herradura.
- En otros
tiempos,
los cristianos celebraban la fiesta de san Dunstan, el 19 de mayo, con
juegos en
los que se empleaban herraduras.
- Para los griegos, los poderes mágicos de la herradura emanaban de otros factores. Las herraduras eran de hierro, un elemento que se creía que ahuyentaba el mal, y la herradura tenía la forma de una luna en cuarto creciente, que desde antiguo era considerada como símbolo de fertilidad y fortuna.
- Los romanos se apropiaron de este objeto, a la vez como práctico dispositivo ecuestre y como talismán, y su creencia pagana en sus poderes mágicos pasó a los cristianos, que dieron a esta superstición su versión basada en san Dunstan.
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En la Edad Media, cuando cundía al máximo el temor a la brujería,
la
herradura adquirió un poder adicional. Se creía que las brujas se
desplazaban
montadas en escobas porque temían a los caballos, y que cualquier cosa
que les
recordara un caballo, especialmente su herradura de hierro, las
ahuyentaba como
un crucifijo aterrorizaba a un vampiro. La mujer acusada de brujería era
enterrada con una herradura clavada en la tapa de su ataúd, para impedir
su
resurrección.
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En Rusia, al herrero que forjaba herraduras se le consideraba
dotado de
capacidad para realizar «magia blanca» contra la brujería, y los
juramentos
solemnes relativos al matrimonio, los contratos comerciales y las
compraventas
de propiedades no se prestaban sobre una Biblia, sino sobre los yunques
utilizados para martillear las herraduras.
Una herradura no podía colgarse de cualquier forma: su
disposición
correcta era con los extremos hacia arriba, pues de lo contrario su
reserva de
suerte se vaciaba.
- En las Islas británicas, la herradura se mantuvo como potente símbolo de suerte hasta bien entrado el siglo XIX. Un popular encantamiento irlandés contra el mal y la enfermedad —originado a la vez la leyenda de san Dunstan— decía: «Padre, Hijo y Espíritu Santo, clavad el diablo en un palo.»
- En 1805, cuando el almirante británico lord Horacio Nelson se enfrentó a los enemigos de su nación en la batalla de Trafalgar, el supersticioso inglés clavó una herradura en el mástil de su navío almirante, el Victory.

